Por
MVZ Agustin H. Peña Romero
Ocoyoacac, Edo. de México, México
Como en todos los procesos de prevención de enfermedades, existe una medida inicial y, en este caso, la principal es la desinfección, por lo que ahora abordaremos el proceso de limpieza y desinfección de instalaciones, ya que a veces la asesoría que recibimos acerca de ello no resulta del todo afortunada. Por ejemplo, en ocasiones, nos invitan a utilizar productos que no son recomendables para el tipo de instalación que tenemos o que, simplemente, se inactivan al entrar en contacto con materia orgánica.
Es importante recordar que, al igual que los antibióticos, los desinfectantes no sólo tienen un mecanismo de defensa contra los agentes patógenos, sino que también ejercen un mecanismo en su entorno. En los antibióticos, el ejemplo más claro es la acción que éstos producen en contra de las bacterias benéficas que colonizan nuestro tracto digestivo; mientras que los desinfectantes actúan no sólo en contra de los microorganismos, sino también de las células que los rodean. Por ello, el buen uso de ambos productos (antibióticos y desinfectantes) es fundamental en la difícil tarea de vencer las resistencias bacterianas.
Cuando se pretende establecer programas preventivos de desinfección en instalaciones donde se alojarán animales, los principales elementos que debemos tomar en cuenta son el agua y el jabón (aniónico, detergente normal). Precisamente, éstos resultan económicos y efectivos, siempre y cuando sean bien empleados. Lo ideal es llevar a cabo la limpieza con escoba y agua, quitando el exceso de polvo; posteriormente, se recomienda la utilización de detergentes, con escobas o cepillos, pues el efecto de arrastre logrará que se separen las partículas. Después, el punto clave es dejar reposar el detergente entre 5 y 10 minutos, para que el jabón ejerza su efecto. Finalmente, se procederá a enjuagar la instalación y, en caso de sospechar de problemas marcados, ya sea virales o bacterianos, se recomienda repetir toda la operación.
Propiedades
Las características de un desinfectante ideal deberían ser las siguientes:
Poseer un amplio espectro bactericida y viricida (matar bacterias y virus).
Ser poco irritante y corrosivo.
No ser tóxico.
Tener la capacidad de penetrar en cavidades y grietas.
Resultar activo en presencia de materia orgánica.
Ser económico.
Tener olor agradable.
Ser químicamente estable.
Resultar compatible con jabones y otras sustancias de uso común.
Por supuesto, es importante saber que ningún producto reúne todas las características deseables y que, además, el éxito de su empleo depende también de otros factores, como: la concentración de los ingredientes, la temperatura del agente y las características de los materiales con que esté construida la gallera, ya que no es lo mismo usar un detergente en jaulas, que en canceleras de madera, en tambos o tee-pees.
Clasificación
Por las características ya descritas, es esencial conocer la clasificación de los desinfectantes, los cuales están marcados de la siguiente manera:
1.- Agentes tensoactivos aniónicos y catiónicos.
2.- Alcoholes y aldehídos, formaldehído.
3.- Agentes oxidantes, peróxido de hidrógeno.
4.- Derivados de alquitrán, madera y hulla.
5.- Metales pesados y sus derivados.
6.- Compuestos de azufre.
7.- Ácidos y álcalis.
8.- Colorantes azoicos, acridínicos.
9.- Agentes varios.
En la siguiente edición mencionaré las características específicas de cada uno de ellos, con el fin de determinar en qué casos debemos usar cada uno de los compuestos.
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