Carta del director

La gallística nacional y su impacto económico


 
     
 

Por Rodolfo J. Guerrero Zúñiga
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La cultura de los gallos de pelea se inició en México a la llegada de los españoles, en el siglo XVI, cuando, en las playas de la Villa Rica de la Santa Vera Cruz, obsequiaron un gallo a un emisario de Moctezuma, como parte de los presentes, que incluían espejitos y otras cosas más. El gallo tuvo un impacto inmediato en el gusto de los nativos, ya que los mexicas sentían una especial admiración por los animales que destacaban por su agresividad y presencia física, de ahí los Hombres-Águila y los Hombres-Tigre o Jaguar.
Así, durante la Colonia se fue haciendo más patente esta admiración y gusto por el gallo de pelea, al grado que las autoridades decidieron reglamentar este juego, cuya responsabilidad recayó en el “asentista de naipes”, personaje que estaba mejor preparado para organizarlo; de ahí que no sea extraño que cuando la gente escucha “gallos”, de inmediato considere al gallero como jugador (y todos subsecuentes epítetos que esto conlleva).
A través de los años, el juego de gallos ha tenido innumerables detractores, ya que –debemos reconocerlo– del mismo modo que algunos políticos perciben al país, en muchas ocasiones, la gente que está inmersa en este ambiente considera que la gallística es un botín y que, por lo tanto, tienen derecho a tomar su parte; no importa bajo qué condiciones. Esto ha generado que personas externas, escritores, compositores o cineastas, tomen básicamente lo denigrante y deshonesto de esos individuos para calificar a la mayoría de los galleros, sin investigar verdaderamente cuál es el entorno y la realidad de una actividad agropecuaria que genera una muy importante derrama económica al país.

Hernán Cortes, con “La Malinche” como traductora, recibe al enviado de Moctezuma en la Villa Rica de la Veracruz; en ese acto se presume que recibió el casco y otros “obsequios”, entre ellos unos gallos andaluces.


Incluso en los últimos años, se ha pretendido convertir a la crianza de gallos de combate en causa de las epizootias que han azotado a la avicultura nacional, como ocurrió en marzo y abril del año 2000, con funestas consecuencias, a raíz del brote de Newcastle velogénico en la Comarca Lagunera. Dicha actitud se debe al hecho de buscar chivos expiatorios para los errores que se han cometido en la avicultura comercial en los años recientes. Baste recordar que la epizootia de Influenza Aviar (IA) fue causada por la introducción al país de gallinas reproductoras que no habían cumplido los requisitos zoosanitarios implementados por SAGARPA, y la irresponsable actitud de la autoridad en diciembre de 1993.
La epizootia a que aludo se debió a disposiciones tomadas por asesores estadounidenses en las instalaciones que Tyson tiene en la Comarca Lagunera, orientadas a optimizar los costos de operación de dicha empresa; todo ello sin ponderar, de acuerdo con la información de que dispongo, los factores climáticos y las condiciones propias de la región y del país, lo que lamentablemente causó pérdidas económicas millonarias.

Incubadora autómatica, de este y diferentes modelos y marcas los mismo estadounidenses que nacionales.

Sin embargo, más que buscar culpables de los distintos episodios que han ocurrido (y, por desgracia, seguirán ocurriendo), debemos estar unidos y buscar soluciones para que estas epizootias no sean cíclicas, pues la avicultura nacional es castigada severa y reiteradamente por errores humanos y administrativos. Es cierto, se toman medidas correctivas, pero lo que deberían tomarse son medidas para prevenir los problemas, y en ellas debemos involucrarnos solidariamente autoridades, avicultores, laboratorios, fabricantes de alimento y todos los que somos parte de este barco, porque si éste se hunde… nos vamos a pique todos.

Comento lo anterior porque fui testigo de cómo la información se privilegia, so pretexto de cuidar los intereses de clientes importantes, dejando a obscuras a las autoridades y al gremio en general, sin que los responsables se den cuenta de que, al tomar este tipo de actitudes, causan daños irreparables a la avicultura en general y, a corto plazo, a sus propios intereses.
Antes de continuar, debo reconocer que ha faltado sensibilidad en los galleros para alejar de la gallística a esos sujetos que mencioné antes y que generan una imagen distorsionada de todos nosotros. Esto, a mi parecer, tiene que ver con el hecho de que esa clase de sujetos suelen ser “simpáticos” y, por desgracia, a mucha de nuestra gente le atrae el tipo “vivo”, que burla o engaña a la autoridad o se brinca los reglamentos; prueba de ello es el inusitado éxito que estos pillos tienen: lo mismo son enaltecidos en corridos, que elevados a la categoría de héroes de películas.
Sin embargo, hoy en día, a través de la Federación Mexicana de Criadores de Gallos de Pelea, A. C.,podemos asegurar que estamos creando conciencia en nuestros socios, y esperamos, a corto plazo, modificar substancialmente la imagen que se tiene de la gallística. Una manera es, precisamente, brindarles información (por éste y otros medios) destinada a mostrarles la cara del verdadero criador y la importancia del vínculo de confianza que debemos establecer con los médicos veterinarios zootecnistas, si queremos avanzar en todos los sectores que integran la apasionante actividad de la cría de gallos de pelea.

Aplicando la vacuna de Marek en pollo de un día de nacido. (fotos: Archivo Pie de Cría)


Una acusación que reiteradamente se dirige a los criadores de gallos de combate es que no vacunan a sus aves por temor a que éstas pierdan facultades o se reduzca su agresividad. En general, dicha apreciación no tiene fundamentos sólidos, en virtud de que la mayoría de los criadores aplica las vacunas contra Marek desde que el pollito eclosiona y, posteriormente, a los 10 y 20 días, administra las vacunas contra Newcastle, tanto la Cepa B1 como LaSota. Además, los que cuentan con asesoría médica aplican también la emulsionada y, en la mayoría de los casos, revacunan cada seis meses.
En este punto, es pertinente hacer hincapié en que, lamentablemente, parece haber un divorcio entre los criadores de gallos de pelea y los médicos veterinarios; éstos últimos suelen acusar a los criadores de sentirse genetistas, nutriólogos, médicos y algo más. Por el lado de los criadores, existe una idea equivocada en relación con los médicos, en virtud de que el veterinario que generalmente conocen es el de la farmacia de su colonia, barrio o población, que –sin menoscabo de su capacidad– se enfoca en especies menores, y no en las aves.

El médico veterinario zootecnista con especialidad en aves, por desgracia no ha volteado los ojos a la crianza de gallos de pelea, una actividad que tiene mayor importancia de la que algunos piensan y que, además, constituye una importante fuente de empleos. Para que tengan ustedes una idea de lo que esta actividad es hoy en día, les presento los siguientes datos estadísticos:

Mapa de la República Mexicana, con los municipios que la integran (Imagen cortesía del INEGI). Pollada de cuatro días de nacidos, en criadora eléctrica.

En México tenemos 2,430 municipios en los 31 estados de la República, sin contar el Distrito Federal; en 116 de esos municipios se encuentran las ciudades y poblaciones más importantes, donde se realizan anualmente y en conjunto 1,312 días de feria. En los restantes 2,314 municipios se realizan 23,140 días de feria, con un promedio de 10 días por municipio, sin considerar que dentro de algunos de estos municipios existen varias poblaciones que realizan sus propias festividades. Así, considerando las más importantes, hablamos de 24,452 días de fiesta en el país, donde el evento de mayor trascendencia es la pelea de gallos. A esto debemos agregar que en el país existen más de 400 clubes, peñas o asociaciones de criadores de gallos de pelea que realizan un promedio de 20 eventos por temporada (de noviembre a junio de cada año), con un mínimo de 30 peleas por evento.

Este tipo de ferias, dependiendo de la importancia socioeconómica que tengan, implican la presentación de cantantes y/o comediantes de diferentes grados de popularidad, y conllevan la movilización de un importante número de trabajadores (entre 350 y 400 por día), los días que dure la feria. Esto significa una enorme derrama económica, ya que para acceder a la organización de estas ferias, los empresarios aportan importantes sumas económicas a los Patronatos, más el costo de los permisos que deben tramitar ante la Secretaría de Gobernación, el alojamiento, la alimentación, bebidas, medios de transporte, etcétera.


Continuará...

 

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